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Segovia, construida sobre un arriscado peñón calizo que supera los 1.000 metros de
altitud, se recorta en el terso azul del cielo de Castilla el que dibuja una
sugerente silueta que desde el siglo XVI, cuando lo hiciera Garci Ruiz de
Castro, su primer historiador, se ha venido comparando con la de un navío
pétreo que parece esperar a que los dos ríos que confluyen a sus pies, Eresma y
Clamores, inunden el valle para echarse a navegar hacia el dilatado mar de
mieses de la meseta.

Ciudad para ver despacio y a la que volver, Segovia, ha recibido todos
los reconocimientos oficiales por su riqueza artística y monumental, por la
transparencia de su luz, por la diafanidad de la atmósfera que la
envuelve y por la frondosidad del arbolado que la rodea y que, al contrastar
fuertemente con los ocres de la lastra reseca, la exalta como un oasis de
verdor.
Una Real Orden expedida en un ya lejano 11 de octubre de 1884 declaraba al
Acueducto Monumento Histórico Artístico, título que posteriormente
recibirían otros edificios como la Torre de San Esteban, el Monasterio
del Parral, la Iglesia de la Vera Cruz y el Alcázar, hasta
que en 1941, la declaración se hizo extensiva a toda la parte antigua de la
ciudad. En 1947 fue el conjunto de huertas y arboledas que la circundan lo que
fue reconocido como Paraje Pintoresco, y señalado como objeto de protección.
Finalmente en 1985 la UNESCO culminó el proceso al declarar a Segovia Ciudad
Patrimonio de la Humanidad.
En ella, casas y murallas, palacios y templos, torres y árboles que compiten en
esbeltez con las torres, se unen y entrelazan formando un singular entramado de
calles estrechas y tortuosas y de plazuelas recogidas en sí mismas o
inesperadamente abiertas a sugerentes perspectivas, en el que resulta difícil
establecer los límites entre las doradas piedras y una vegetación a la que las
estaciones visten con el esplendor de un color siempre cambiante.
HISTORIA DE SEGOVIA
Segovia es ciudad de antigua historia. Algunas esculturas
zoomorfas de tosca factura confirman unas remotas raíces celtibéricas;
el magnífico Acueducto y otros muchos vestigios de la misma época, dan fe de su
integración en el imperio romano; y las necrópolis visigodas halladas en
lugares cercanos, atestiguan el asentamiento de pueblos germánicos.
La casi total ausencia de restos arqueológicos musulmanes y la existencia de uno
de los más ricos conjuntos románicos de Europa apoyan la tesis de los
historiadores que sostienen que la ciudad fue abandonada tras la invasión
islámica y repoblada, a partir de los años finales del siglo XI, por cristianos
procedentes del norte de la península y de allende los Pirineos, dirigidos por
el yerno del rey Alfonso VI, Raimundo de Borgoña, y por el primer obispo
de su reconstituida diócesis, el también francés Pedro de Agen.
El periodo final de la Edad Media fue tiempo de esplendor para Segovia: colonizó un amplio territorio,
sobre el que se extendió su Comunidad con límites a ambos lados de la Sierra; acogió una importante aljama hebrea
que al final hubo de confinarse en la Judería; sentó las bases de una poderosa industria pañera que gozaría de gran
fama en siglos posteriores; recibió la impronta del arte gótico, que dejó en
ella monasterios y conventos notables; fue corte de reyes de la Casa
de Trastámara y, finalmente, el 13 de diciembre de 1474, sus gentes
fueron las que proclamaron reina de Castilla a Isabel la Católica.
Familias aristocráticas y orgullosos fabricantes de paños compitieron a lo
largo de los siglos XVI y XVII en la construcción de palacios urbanos a los que
daban prestancia patios y jardines de líneas renacentistas y delirantes
blasones barrocos.
Pero la derrota de las ciudades castellanas en la Guerra de las Comunidades, en la que las milicias segovianas,
capitaneadas por Juan Bravo,
tuvieron un papel destacado, y el desplazamiento hacia el sur del centro de
gravedad de la economía española a raíz del descubrimiento de América,
iniciaron una decadencia que no pudieron detener los Borbones ni con los Reales
Sitios -La Granja, Riofrío- que alzaron en los alrededores, ni con la Academia
de Artillería que establecieron en la ciudad.

Al empobrecimiento subsiguiente,
incontenible en un siglo XIX en el que Segovia
supo de ocupaciones francesas y
carlistas, se debe en buena medida el que esta ciudad, una de las que
mejor ha sabido guardar entre sus gastadas piedras la esencia de Castilla, haya llegado hasta nosotros con su belleza
apenas alterada.
La judería de Segovia
La fecha de 1215 es la que marca inequívocamente la
presencia judía en Segovia, no
obstante esta presencia habría que remontarla hasta finales del siglo XI.
Los lugares donde existió asentamiento de población judía en Segovia estaban en
torno a la actual plaza de la Merced y las parroquias de San Miguel y de San
Andrés, todos ellos dentro de la ciudad amurallada. El año 1412 (Pragmática de
Catalina de Lancaster) marcó un hito en la aljama de la ciudad ya que en virtud
de las Leyes de Ayllón se obligó a un agrupamiento en un espacio que comprendía
desde la Almuzara hasta el tramo de muralla situado entre el antiguo matadero y
la puerta de San Andrés. Finalmente en 1480 se decreta por parte de los RR.CC.
un confinamiento, que se cumplió, en torno a una ubicación que partía de la
actual Iglesia del Corpus Christi (antigua Sinagoga Mayor) y que se extendía
hasta la plaza del Socorro. Recinto cerrado por siete puertas y cuyo eje
principal fue la actual calle de Judería Vieja hasta la Puerta de San Andrés.
Sinagoga Mayor (actual Convento
del Corpus Christi)
Es la sinagoga que mejor se ha conservado de las cinco que existieron en la
aljama segoviana.
Consta de una sala hipóstila dividida en tres naves,
separadas por arcos de herradura y pilares octogonales rematados con capiteles
de piñas y roleos. Sobre las naves laterales existe una galería corrida
compuesta por arcos de herradura intercalados con arcos pentalobulados cuyos
intradoses están decorados con palmetas.
Las primeras documentaciones sobre el templo datan del siglo XIV pero todo
parece indicar que la construcción sería del siglo XIII.
En 1410 la Corona se incauta de la Sinagoga, dentro de las tensiones acumuladas
que se habían iniciado en Sevilla en 1391 (concretamente en Ecija),
consagrándose como iglesia muy poco tiempo después. Actualmente pertenece a la
Orden de las Monjas Clarisas.
Paseos
por las calles del barrio judío

El barrio judío de Segovia es un barrio medieval, que nos
permite penetrar en un camino de encuentro con el pasado, en un deseo de
mostrar las calles, las casas, los corrales donde hombres y mujeres tuvieron su
vida y la de sus hijos. Lugares por los que las pisadas de generaciones de
judíos anduvieron y que todavía hoy resuenan en nuestros oídos, en nuestro
lenguaje, en nuestra cultura. Calles tan evocadoras en su arquitectura como en
sus nombres: Judería Vieja, Judería Nueva, Calle de Santa Ana, Corralillo de
los huesos…
Puerta de San Andrés (Espacio
Informativo de la muralla)
La puerta de San Andrés de Segovia, alberga el espacio informativo de la muralla y está
ubicada en el lienzo que se extiende desde el Alcázar hasta el Postigo de la
Luna. Cerraba la muralla medieval de la ciudad, dando paso al cementerio judío,
con el que estaba unido a través del puente de la Estrella.
Cuenta a través de paneles explicativos el funcionamiento de cierre de la
puerta de rastrillo así como los diferentes tramos de la muralla que puede
apreciarse casi al completo. Pueden ser visitados tanto el cuerpo de guardia
como el adarve (unos 300 m. practicables).
La carnicería

La antigua carnicería judía es hoy la sede del Museo
Provincial. La ubicación de la carnicería junto a los puntos de desagüe de la
muralla facilitaba la evacuación de la sangre y de los despojos de los animales
sacrificados.
Centro Didáctico de la Judería
(Casa de Abraham Senneor)
El centro tiene como objetivo mostrar, enseñar y divulgar a los visitantes la
cultura judía, por medio de paneles informativos, proyecciones y una innovadora proyección en tres
dimensiones. Su finalidad es ser el eje que permita la comprensión y
visualización del espíritu del barrio que albergó una de las poblaciones judías
más numerosa de la corona de Castilla.
Aporta datos específicos sobre la Aljama de Segovia y sus habitantes, en especial
Abrahán Senneor, judío destacado en su sociedad que fue dueño de la vivienda
que hoy ocupa el Centro.
Además el Centro cuenta con una tienda especializada en hebraica donde se
pueden adquirir productos, objetos y libros relacionados con esta cultura.
Cementerio Judío
El cementerio judío de Segovia
se situaba en la ladera izquierda del rio Clamores y abarcaba el espacio
amurallado comprendido entre la Puerta de San Andrés y la Casa del Sol.
No es posible establecer una datación cronológica con un mínimo de precisión
dada la ausencia de losas sepulcrales que nos diera alguna información. Si es
posible en cambio saber la orientación de los
sepulcros (cabecera - oeste y pies -este) tras las sucesivas campañas
arqueológicas.
Los sepulcros descubiertos son antropomorfos, es decir, excavados en la roca,
dejando hueco para la cabeza y los hombros del cadáver mientras que en la
mayoría la forma de la cavidad es simplemente trapecial.
El acceso al cementerio es libre y se encuentra señalizado desde el barrio
judío
La morería de Segovia
Esta denominación
corresponde al actual barrio de San Millán, donde fueron apartados los
musulmanes de Segovia durante los siglos XV-XVI y principios del XVII cuando se
da fin a su presencia; antes del siglo XV los “moros” segovianos vivieron como
el resto de habitantes, en diversos barrios de la ciudad durante los casi 1.000
años que Segovia tuvo vecinos de religión islámica.
De lo que conocemos de aquellos habitantes se puede deducir que eran gente
humilde, laboriosa y no propensa a litigar ni con cristianos ni con judíos. De
su forma de ser y de su cultura perduran en la ciudad de Segovia dos grandes manifestaciones: la organización del regadío y
la agricultura especialmente en el barrio de San Lorenzo y la arquitectura, que
se manifiesta en el estilo mudéjar segoviano.
Queda pendiente el análisis de documentación existente de diferentes archivos
para reconstruir con fiabilidad la vida de la morería de Segovia. Actualmente se transcribe la documentación depositada en
el Archivo de Simancas que se refiere a esta población. De esa documentación se
deduce que no dispusieron de grandes edificios ornamentales tanto para el culto
como para su vida normal pues nada de ellos ha quedado escrito; sí está
documentada la existencia de dos mezquitas (o AL Magy) a principios del siglo
XVI, una en el barrio de San Martín y otra en el de San Millán. Esas mezquitas
debían ser similares a sus contemporáneas aragonesas, en su disposición (con
patio, sala de oración y pequeños edificios, adosados a la mezquita, destinados
a escuelas o madrasas). Se dispone
del dibujo completo del barrio de la Morería realizado por el pintor A. Van
Deer Wyngaerde en el siglo XVI.
Conocemos litigios internos de los musulmanes de Segovia (inclusos con los alcaldes de
la Morería) o externos con judíos y cristianos en lo referente al culto de su
religión o costumbres (lugares de ubicación de los burdeles). En su vida
ordinaria tuvieron, está documentado, algún problema en sus trabajos de
albañilería. En general pagaban menos impuestos que sus vecinos de la Judería
pero tuvieron también, como aquellos, que pagar impuestos para financiar la
guerra de Granada.
Este barrio de Segovia,
de gente humilde y laboriosa, aportó escritores o pensadores de reconocido
prestigio dentro de la cultura musulmana como Yza Gidelli, muftí y alfaquí de
su Alhama (Morería).
La presencia de la comunidad musulmana en nuestra ciudad
dejó una huella profunda y todavía visible: caceras para el regadío de huertas,
restos de molinos en las riberas del Eresma, tramos y puertas monumentales en
la muralla, el revoco de las paredes de los edificios llamado esgrafiado
segoviano, la arquitectura de ladrillo y tapial, etc. Permanecen aún dos,
podemos decir, tesoros del arte islámico en Segovia como son las pinturas
mudéjares del Torreón de Hércules y los restos de techumbre del arte taifal de
la iglesia de San Millán; se puede también mencionar el Palcio Real de San
Martín o el Convento de San Antonio El Real. Todo ello nos recuerda a
aquellos antepasados de nuestra ciudad que con su vida y esfuerzo contribuyeron
a configurar Segovia tal y como es.
Personajes de Segovia
San Frutos nació en Segovia
en el año 642. Sus hermanos Valentín y Engracia, también segovianos,
fueron igualmente elevados a los altares. Ya en edad madura, Frutos repartió
sus riquezas entre los pobres y se retiró a meditar en el incomparable paraje
de las Hoces del Duratón donde, según recoge la tradición, hizo muchos
milagros, entre ellos el de "la Cuchillada", un tajo hecho en la roca
que cortó con su cayado para librar a los cristianos de la persecución de los
musulmanes. Santo popular y sencillo que la tradición presenta como amante de
los pájaros, es el Patrón de Segovia,
que celebra su festividad el día 25 de
octubre.
Juan Arias
Dávila representa los valores culturales de
la Segovia de fines del siglo XV y
su tránsito al Renacimiento. Fue obispo de Segovia y supo recoger el legado mudéjar y gótico, reunió una
importante biblioteca que legó a la Catedral y con su patrocinio se instaló en
la ciudad la primera imprenta que funcionó en España, la de Juan
Párix, y en la que se imprimió, como primer ejemplar, el Sinodal
de Aguilafuente.
Andrés Laguna, médico y filólogo nacido en Segovia en 1499, alcanzó prestigio internacional como médico
personal del Papa Julio III y del Emperador Carlos I. Su fama fue propagada
incluso por Cervantes en su Quijote. Publicó 25 obras, entre ellas las famosas Anotaciones a Dioscórides. A pesar de su fama se dice que el
sabio no dejó fortuna. Sus restos están depositados en la Iglesia
de San Miguel.
Juan Bravo fue uno de
los más prestigiosos caballeros de su tiempo, que ha pasado a la historia como
héroe comunero. Junto con Padilla y Maldonado, se
levantó en armas contra los abusos de los gobernantes extranjeros de Carlos
I. Tras la derrota
de Villalar en abril de 1521, fue decapitado junto a sus
compañeros.
Diego de Colmenares, cura de la desaparecida Iglesia de
San Juan, consultor del obispo, con amplios conocimientos en Geografía e
Historia, se dio a conocer por su célebre Historia de Segovia (1637), referencia clave
para conocer las raíces de la ciudad. Colmenares -que necesitó 17 años para
confeccionar la obra- fue enterrado en la misma iglesia donde ejerció como
párroco.
Otros personajes de relevancia
histórica en Segovia
Dentro de la relación que a continuación se cita se
encuentran incluidos algunos de los personajes que más honda huella dejaron en
la ciudad pese a no ser originarios de ella como fueron San Juan de la Cruz (v. Tras la huella de los
predicadores), santo
que vivió durante tres años en la ciudad y fundó el convento carmelita donde
reposan sus restos; Antonio Machado, (v. Segovia Literaria) quien
paseó por sus calles a lo largo de los doce años que en ella permaneció como
profesor de francés; María Zambrano,(v. Literatura) escritora que reflejó en sus
obras los recuerdos de una infancia vivida entre nuestras gentes; y Agapito
Marazuela, quien
se encargó de difundir y revitalizar una de las más profundas señas de
identidad de nuestra tierra, su folklore; entro otros de una amplia lista.
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