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DESDE EL ACUEDUCTO AL ALCAZAR
Un buen punto de partida para recorrer Segovia es el Azoguejo, palabra ésta
que es diminutivo de zoco, frente al zoco
grande que era la Plaza Mayor. Lugar de reunión, nexo de
comunicaciones, calles y carreteras, núcleo de comercio y contratación, ha sido
hasta no hace mucho tiempo el centro vital de Segovia. Es uno de los lugares que ha experimentado mayores
transformaciones, como se puede apreciar en los grabados de época; hasta no
hace mucho tiempo, se alzaba allí una iglesia románica, dedicada a Santa
Columba, junto a las escalinatas que suben a las murallas, donde hoy se
hallan las oficinas del Centro de Recepción de Visitantes, en las que las
personas que llegan a Segovia pueden encontrar información sobre la ciudad de Segovia.
Del Azoguejo sale la Calle Real, la calle principal de la ciudad, la de más
tránsito y comercio, por la que subimos hasta la Plaza Mayor. Recibió dicha
calle en sus inicios el nombre de Cintería, pues fue despacho de hilos y
cintas, según la costumbre de denominar a las vías según sus industrias
características. Partiendo del Azoguejo está dividida en los siguientes tramos:
Cervantes (llamada anteriormente Calle Real del Carmen, por el suprimido
convento situado en la actual Caja de Ahorros); Juan Bravo (en recuerdo del
capitán comunero segoviano); Plazuela del Corpus (en la que se halla la antigua
Sinagoga Mayor, en la actualidad iglesia-convento de Corpus Christi); y por
último, Isabel la Católica, desde donde desembocamos en la Plaza Mayor.
Arteria principal de Segovia,
recoge un interesante conjunto arquitectónico que, partiendo de los siglos XV y
XVI, llega hasta comienzos del siglo XX. Era típico el caserío medieval, de
hasta cuatro plantas de altura, que se construía sobre solares largos y
estrechos, con la planta baja dedicada al comercio. Una estrecha escalera, a la
que se accede por una puerta situada en un extremo de la fachada, al estilo
musulmán, conducía a las viviendas. Esta tipología urbana se conserva en la
actualidad, pero sus fachadas originales de materiales pobres se cubrieron con
esgrafiados a partir del siglo XIX.
La primera parada es el Mirador de la Canaleja desde el que se contempla la
montaña de la Mujer Muerta y el Barrio de San Millán. Frente a él la fachada
del Teatro Cervantes, limitada por un cubo de la muralla. A pocos metros está
La Casa de los Picos, hoy Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos. Este
interesante edificio perteneció a Juan de la Hoz, quien le añadió los
picos para cambiar el nombre de Casa del Judío, con el que era conocida. Junto
a ella estaba la Puerta de San Martín, destruida en 1883 e identificada en la
actualidad con una placa conmemorativa. Junto a este edificio, haciendo
esquina, está el Palacio
de los del Río (s .XVI), a cuyo lado el visitante curioso puede
asomarse al patio de columnas de haces retorcidos del Palacio de los de la
Torre, de los siglos XV-XVI, y que actualmente acoge una papelería.
Continuando por la Calle Real, en la pequeña Plaza del
Platero Oquendo se alza el Palacio del Conde Alpuente, de fines del siglo XV. Además
de sus delicadas ventanas de estilo gótico flamígero destaca su interesante
esgrafiado. Siguiendo por la callejuela, llegamos a La Alhóndiga,
edificio del siglo XV que fue almacén de cereales y que en la actualidad,
además de acoger al Archivo Municipal de la ciudad de Segovia, se ha convertido en sala de exposiciones y centro en el
que se celebran diferentes actividades de carácter cultural.
La
Plaza de San Martín
De vuelta a la Calle Real aparece la Plaza de Medina del Campo, interesante
conjunto arquitectónico con una configuración en niveles que recuerda a las
plazas italianas y poblada de elegantes edificios, entre los que destaca la Iglesia
de San Martín.
Pero
hay más detalles especiales en la Plaza de Medina del Campo, lugar predilecto
de ocio para los ciudadanos cuando, con el buen tiempo, los bares y
restaurantes extienden sus terrazas animados por los conciertos de jazz, música
popular o títeres. En la plaza se encuentran casas nobles de varias plantas,
con techumbres de madera, patios porticados y fachadas de granito con los
blasones tallados en piedra. Destacan entre ellas la Casa de los Solier y la
Casa de Bornos, ambas del siglo XVI. Junto a ellas aparece el Torreón de Lozoya
(s. XV), con altiva torre rectangular de tipo defensivo. Su interior,
embellecido por dos patios renacentistas, ha sido reconvertido en pujante
centro cultural por la Caja de Ahorros de Segovia.
La conocida como Casa del siglo XV, antes de los Tordesillas y los Tapias, con
fachada granítica, portada con alfiz de bolas y singular galería de arcos
rebajados y la Casa de los Mexía Tovar (s. XVII), son otros ejemplos de los palacios
que configuran esta plaza.
Una estatua de Juan Bravo realizada por el escultor Aniceto Marinas, situada en
el primer tramo de la escalinata, y dos esfinges neoclásicas de piedra con
cabeza y busto de mujer y cuerpo de leonas, conocidas popularmente como Las
Sirenas, completan la variopinta estética de la plaza.
En la parte alta de la misma, en la Calle del Gobernador Llasera, nos
encontramos con el llamado "Hospital de Viejos". Este edificio del
siglo XVI forma parte del antiguo Palacio de Enrique IV, conocido también como Real de San Martín. Este
monarca de la casa de los Trastámara, de gustos orientalistas y fuertemente
atraído por la cultura, propició la construcción de importantes obras del
estilo mudéjar. El complejo palaciego, que ocupaba una manzana completa, quedó
dividido entre edificaciones pertenecientes a las familias Mercado, Barros y
Porras. Desde abril de 1998 alberga el Museo de Arte Contemporáneo Esteban
Vicente.
De
regreso a la Calle Real, nos encontramos a la derecha con la Cárcel Real o
Cárcel Vieja, hoy Biblioteca Pública.
Utilizada como prisión hasta 1933, en sus celdas estuvo encarcelado el
dramaturgo Lope de Vega en 1577. Su portada está presidida por el escudo de los
Austrias y en el interior existen restos románicos trasladados desde la iglesia
de San Medel.
La última parada antes de pisar la Plaza
Mayor de Segovia es la Plazuela del
Corpus, dominada por el convento del mismo nombre, que fue, como se ha dicho
anteriormente, la antigua Sinagoga
Mayor. El edificio, dañado por un incendio en 1899, fue
reconstruido a finales del siglo pasado y ha sido nuevamente abierto al
público tras una afortunada y minuciosa restauración finalizada en el año 2004.
La
Plaza Mayor de Segovia
La Plaza Mayor, corazón de Segovia,
fue fruto de la política urbanística del siglo XVII. Denominada Mayor desde 1461, vio
modificado su aspecto a causa del hundimiento de la iglesia de San Miguel,
acaecido en 1523. Dicha iglesia, que estaba situada en el centro de la Plaza,
se reedificó en un lateral de la misma, lo que ha dado al ágora segoviana su
forma actual.
La Ordenación trazada por Brizuela en 1623,
está dominada por la presencia del Ayuntamiento (1610), con su fachada de
granito, torres con chapiteles de pizarra y reloj con campanas. En su interior
destacan la Sala
Blanca, de estilo isabelino, cuyo techo está decorado por el
fresco de Antonio García que representa la toma de Madrid a los moros por parte
de los capitanes segovianos Fernán García y Día Sanz, así como el antiguo Salón
de Plenos, con pinturas del XIX.
En la plaza se encuentra el Teatro Juan Bravo (1917), uno de los puntos de
encuentro de la vida cultural de la ciudad. Junto a él se alza la Iglesia de
San Miguel, de estilo gótico, con elementos románicos del primitivo templo en
cuyo atrio se celebró la proclamación de Isabel la Católica como Reina de
Castilla en 1474. Casas construidas en torno a 1930 rodean el perímetro de la
plaza y le conceden un perfil regular y agradable que se engrandece con la
imponente presencia de la Catedral de Segovia.
De
la Catedral al Alcázar
La Calle Marqués del Arco, actual núcleo de comercio turístico (cerámica,
cestería, cobre), esconde bajo su suelo las canalizaciones del Acueducto de Segovia. Frente a la Catedral, se alza
el Palacio del Marqués del Arco (s. XVI) con un precioso patio renacentista.
Más adelante aparece el antiguo Corral del Mudo, uno de los últimos vestigios
de los corrales de los barrios islámicos, que acogía un caserío tradicional de
arquitectura de ladrillo con entramado de madera.
Casas
nobles con esgrafiados y sugerentes patios, como el del Colegio de Arquitectos,
nos acercan hasta la Plaza de la Merced, con la iglesia románica de San Andrés,
rincón típico de la ciudad y espacio verde que invita al descanso. En la
esquina de la calle de las Descalzas, Santa Teresa fundó un pequeño convento de
carmelitas, en el que dijo su primera misa San Juan de la Cruz. Entre sus altos
muros y al amparo de su recoleto jardín, la santa abulense compuso "Las
Moradas".
En el último tramo, atravesamos el barrio
de las Canonjías, al final del cual, pasada una verja y junto al jardín que
rodea el monumento a los Héroes del 2 de mayo, se encuentra El Alcázar de Segovia.

Las
Canonjías es el barrio mejor conservado de la ciudad alta. Su nombre procede de
los canónigos, antiguos vecinos de la zona, que gozaban por su carácter
eclesiástico de inmunidad y privilegios. El itinerario comienza en la Plaza de
la Merced y se extiende por las calles de Daoíz y Velarde. Las casas de este barrio
contaban con agua corriente, suministrada por el Acueducto. Este recinto urbano
permanecía aislado del resto de la ciudad gracias a tres puertas que se
cerraban según un horario establecido.
De sus casas románicas se conservan bellas
portadas de arco de medio punto con arquivoltas y sugestivos patios interiores
coloreados por huertas o jardines. El acceso a los patios, porticados en sus
lados más cortos, es acodado, siguiendo la tradición musulmana. La estructura
de estos edificios -sobrios, cerrados y sin detalles superfluos, con escondidos
patios y jardines- no sufrió alteraciones por ser casas de alquiler, lo que ha
impedido a los inquilinos emprender reformas.
La
Calle de Velarde
La Puerta de la Claustra es la única que se conserva de las tres que cerraban
el barrio de los canónigos catedralicios. Conserva restos de esgrafiado
renacentista y una imagen de la Piedad, copia de la existente en la Catedral de
Segovia. En esta zona se ubicó la
Casa de la Imprenta y la de la Inquisición, e instalaron sus estudios artistas
famosos como Ignacio Zuloaga y Maurice Fromkes. Este pintor americano da nombre
al jardín que aligera la estrecha calle de Velarde y que ofrece una recoleta
vista del valle del Eresma.
Por el Vallejo, donde se eleva la escultura de San Juan de la Cruz
realizada por José María García Moro, sube empinada la Calle Desamparados. En
ella se encuentra la Casa Museo de Antonio Machado, tan sencilla y espartana
como cuando la habitó el poeta durante su estancia en Segovia. En un jardín
chiquito, que da acceso a la casa, se encuentra un busto del escritor, obra de
Emiliano Barral.
La
Plaza de San Esteban
Bajando la calle, se halla la Plaza de
San Esteban, interesante conjunto constituido por el Palacio Episcopal (s.
XVI), edificio plateresco con fachada almohadillada, sede del Obispado de Segovia desde el siglo XVIII, y la impresionante
Iglesia de San Esteban, cuya torre, fruto del románico tardío, es considerada
una de las más bellas del estilo.
San
Quirce - San Nicolás
Siguiendo la angosta calle que hace esquina con el Palacio, llegamos a una
pequeña placita en la que se encuentra la iglesia románica de San Quirce, antigua
Universidad Popular y actual sede de la Academia de Historia y Arte de San
Quirce. A su lado se alza un palacio barroco dedicado hoy a Archivo Histórico
Provincial.
Al rodear el ábside de San Quirce nos encontramos con el antiguo Convento
de Capuchinos, construido en el siglo XVII y adornado con magníficos escudos
marmóreos Por la calle de San Quirce se abre paso la Plazuela de San Nicolás,
con un gracioso corralillo popular formado por casitas de entramado de madera.
Preside el conjunto la Iglesia de San Nicolás, construcción de finales del
siglo XII.
Antes de abandonar las Canonjías puede iniciarse un agradable paseo bajando por
la calle Doctor Velasco y observar la portada de la Casa de la familia Falconi
(hoy hotel), el Hospital de la Misericordia, la iglesia románica de San Pedro
de los Picos, hoy propiedad particular, y así llegar a la Puerta de Santiago
conocida como El Refugio. Junto a San Esteban, en la calle de Escuderos, a un
paso de la Plaza Mayor, se encuentra el Palacio de los Rueda conocido como Casa
de Don álvaro de Luna, que cuenta con un bello patio gótico.
LA JUDERIA
Las primeras referencias al asentamiento de la población
judía en Segovia están fechadas en
el s. XIII. Dos centurias más tarde, en el s. XV, la aljama, originariamente
radicada en la Almuzara, San Andrés y San Miguel, se repartió por toda la
ciudad, a excepción del Barrio de los Caballeros. Los judíos segovianos fueron
obligados a vivir en la llamada Judería
de Segovia,
aunque sin sufrir las persecuciones a las que fueron sometidos en otros sitios.
El
barrio estaba cerrado por siete arcos de ladrillo, y el eje del núcleo era la
llamada Judería Vieja, antiguamente denominada Calle Mayor. La población,
perteneciente a diferentes niveles económicos, desde potentados a gente
humilde, residía en casitas de mampostería y ladrillo con entramado de madera,
sin patio, pero con un pequeño jardín.
El
núcleo ha sufrido numerosas transformaciones, especialmente radicales en tres
momentos. Primero tras el Decreto de Expulsión, cuando los conversos
rehabilitaron sus casas con escudos y patios porticados; más tarde, cuando se
construyó la nueva Catedral; y, por fin, en el s. XIX, cuando la ciudad
acometió mejoras urbanísticas y de saneamiento. Los años apenas han dejado
rastro de las sinagogas, aunque el visitante puede recrear la antigua judería
siguiendo la pista del urbanismo típicamente oriental conservado.
La Judería de Segovia se ubica en el lado sur del recinto amurallado, en el
sector comprendido entre el Corpus y Las Canonjías. El eje principal es la
antigua Calle Mayor, hoy llamada Judería Vieja. En 1492, con la expulsión, pasó
a denominarse Barrionuevo. La importancia de la aljama hebrea puede deducirse
simplemente teniendo en cuanta las cinco sinagogas con que contó.
Las
Sinagogas
Sinagoga Mayor: ubicada en la actual calle Real. Según documentos entre 1373 y
1419 ya estaba consagrada al culto católico. Hoy es la capilla de una comunidad
de monjas franciscanas. Su entrada es un corral típico, y el interior está
definido por tres naves separadas por arcos de herradura sobre pilares
octogonales. Las yeserías que la recubrían se perdieron en un incendio ocurrido
en 1899 pero han sido de nuevo recuperadas tras la restauración llevada a cabo
durante el año 2004.
Antigua
Sinagoga Mayor
Sinagoga
Vieja: situada en la Plaza de la Merced,
fue donada en 1412 por el rey Juan I a los frailes del convento de la Merced.
Sinagoga de Burgos:
parece ser que perteneció a una comunidad de burgaleses que vinieron tras las
revueltas de 1391. Estaba en la calle de Escuderos.
Sinagoga del Campo: En
la calle de Martínez Campos, en la zona conocida como Corralillo de los Huesos.
Sinagoga
de los Ibáñez de Segovia: sustituyó a la
Sinagoga Mayor. Fue adquirida por el Cabildo Catedralicio a la comunidad
judía en 1492, unos días antes de la expulsión, y sufrió muchas modificaciones
en el s. XVIII. Ocupada actualmente por el colegio de las Jesuitinas, aún
conserva unos arcos con yeserías y otros vestigios del antiguo edificio.
Alrededores
de la Judería de Segovia
Otros restos de la importante judería -que
según la documentación tuvo dos madrasas o escuelas rabínicas-, son la Casa del
Sol, antiguo matadero citado en el Buscón y actual Museo, y la Puerta de San Andrés
o Arco del Socorro, que en la actualidad alberga un espacio informativo sobre
la muralla de Segovia, con su
caserío popular. En el camino que va de la antigua Sinagoga Mayor a la Puerta
de San Andrés merece la pena detenerse ante la antigua Casa de Abraham Senneor (quien
fue contable de los Reyes Católicos) – también conocida como Casa de Andrés Laguna-,
y acceder a su interior para visitar el Centro
Didáctico de la Judería. El recorrido puede concluir en
los evocadores jardines del Paseo del Salón, creado por la
Sociedad Económica Segoviana de Amigos del País en el s. XVIII, recortado por
el ábside con aire oriental del convento del Corpus Christi, muy concurrido por
los segovianos en invierno, por su cálida orientación al sur y frecuente
escenario de actividades culturales.
LOS MIRADORES DE SEGOVIA
La topografía sobre la que se ha ido
desparramando el caserío segoviano, la lastra circundante, la línea azul de la
sierra y la geometría arquitectónica de la propia ciudad propician la
existencia de numerosos miradores abiertos a las más sorprendentes
perspectivas.
Unos parecen haberse dispuesto para el asombro del viajero que llega, con Segovia siempre coronada por la torre
de la Catedral -el chopo dorado del poeta- como fondo; otros, insertados dentro
de la propia ciudad, abiertos hacia el horizonte, dilatado o estrecho, que la
ciñe.
Mirador
de Zamarramala
"No conozco a nadie que habiéndose acercado a este lugar no haya sido
conquistado por esta vista sorprendente". La admirativa frase del
hispanista belga Robert Guillón aparece grabada en la pared de una pequeña
ermita que se alza a la salida de Zamarramala, desde donde se contempla una
línea monumental de Segovia en la
que se integran el Alcázar, las murallas, la torre de San Esteban, la Catedral…
, la ciudad entera, en fin.
Mirador
del Terminillo
Se abre al lado de la carretera que baja de La Lastrilla y del Parador de
Turismo de Segovia
y es
el lugar idóneo para contemplar todo el lado norte de la ciudad y la imagen de
gran navío de piedra que ofrece Segovia, que emerge sobre un mar de verdor, con
el Alcázar como proa, la torre de la Catedral como palo mayor y el Acueducto
como amarra que le mantiene unida a la tierra firme, -el Cerrillo-, con las
torres de San Salvador y de San Justo.
Mirador
de la Piedad
La Piedad es un cerro aledaño a la carretera de Ávila y desde él, a la sombra
de las cruces con las que concluye un calvario de piedra y junto a un reducido
morabito medieval, se tiene una buena imagen de un amplio sector de Segovia, con el barrio de San Millán
delante de la cortina que forman el caserío y las torres del recinto
amurallado.

Mirador
de la Canaleja
Donde la línea de casas de la Calle Real se interrumpe, poco antes de llegar al
punto donde estuvo la puerta de San Martín y donde se encuentra la Casa de los
Picos, hay un largo pretil de piedra. Se construyó en el siglo XIX para
eliminar un pasadizo cerrado -La Canaleja- que conducía al barrio de San
Millán. Y el resultado del proyecto fue este espectacular balcón desde el que
puede contemplarse una buena parte del barrio, con las iglesias de San Millán y
San Clemente, y las tierras labradas en la lastra con sembrados de cereales o
de girasol; el fondo con azul de lejanías, lo ponen las montañas de la
cordillera, con los dentellones de Siete Picos, cantera, dicen los segovianos,
de la que el diablo extrajo la piedra para el Acueducto de Segovia, el cono del Montón de Trigo y el inconfundible perfil de
la Mujer Muerta, inspiradora de leyendas.
Mirador
del Jardín de Fromkes
El nombre de este jardín es un homenaje a Mauricio Fromkes, un pintor
norteamericano que tuvo su residencia y estudio muy cerca de este lugar. Desde
la barandilla que lo separa de la Cuesta del Doctoral, la vista se recrea, con
la muralla, el Valle del Eresma, la Casa de la Moneda, el Monasterio del Parral
y los abruptos cortados que ascienden a la lastra.

Plazuela
del Alcázar
Tendida delante del soberbio edificio en el punto en el que el peñasco sobre el
que se asienta Segovia comienza a
estrecharse, esta plazuela está abierta hacia el sur, al valle del Clamores, el
Pinarillo y la Sierra; y hacia el norte, sobre el barrio de San Marcos, acotado
entre las Peñas Grajeras y la Puente Castellana. Partiendo en dos este espacio
está la línea del camino que conduce hasta Zamarramala, llevado al lienzo por
pintores y cantando por músicos y poetas.
Contemplar desde esta plaza la salida del sol en las arreboladas mañanas de la
primavera o su puesta en las tibias tardes otoñales puede resultar una
experiencia inolvidable.

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